La importancia del director de escena en la ópera

Hace años, bastantes ya, uno iba a ver tal o cual ópera y siempre se añadía el nombre del compositor. Hoy esto ha cambiado. Muchos aficionados dicen, por ejemplo, que han visto la Carmen de Bieito. Ya se sabe que Carmen es de Bizet y que la partitura es la que es, pero interesa ver la visión del director de escena, y si es alguien como Calixto Bieito, aún más. Por eso hoy vamos a hablar del director de escena.

La presencia invisible del director de escena

A este personaje clave en toda ópera, normalmente se le suele ver el día del estreno, y a veces ni tan sólo ese día. Sin embargo su visión personal determinará en gran parte el éxito o fracaso de la ópera. Bien, tal vez exagero un poco. Realmente si la interpretación es buena, cuesta mucho que quien dirige la producción consiga cargársela. Pero hay casos.

¿Qué hace exactamente?

El director de escena hace lo mismo que haría un director de cine o teatro. Decide como presentar el drama ante el público. Determina los movimientos de los actores. Define en que modo han de expresar físicamente aquello que están interpretando vocalmente. Debe, en suma, dar una unidad global a todo el espectáculo. Una buena dirección de escena puede ayudar a captar la atención del público, y es fundamental.

Que no debe hacer

Tocar una coma de la partitura. Más corto imposible. Admito que cambien la temporalidad de la acción. Que sitúen la historia en el año 2100 en Marte aunque la ópera sea Aida, por ejemplo. Puedo opinar que eso es un sin sentido, que no aporta nada, que es un desastre. Pero eso será siempre algo subjetivo, es decir lo que a uno le parece mal a otro le encanta. Pero lo que no debería hacer jamás, es tocar una línea de lo que el compositor escribió. Eso debería estar prohibido. También se debería prohibir que la dirección de escena no tuviera al menos una buena argumentación.

Los cambios de época

Aquí, posiblemente, nunca nos pondremos de acuerdo. Hay quien no desea que jamás se cambie el momento histórico en el que se desarrolla la ópera y hay quien desea ver lo mismo, pero renovado. A veces resulta algo anacrónico que uno de los personajes diga, por ejemplo: Aquí está mi espada, y lo que tiene en la mano es un revólver, pero bueno, la idea se puede entender aunque sea rechazado por una buena parte del público.

A favor de los cambios está el hecho de ver la ópera como algo universal e intemporal. Los mismos sentimientos que valían en 1800 pueden estar vigentes hoy en día. Sin embargo, estos cambios han de tener una lógica. No ser simplemente un motivo para atraer la atención sobre tal o cual director de escena. A veces se da aquello de “que hablen de mí, aunque sea mal”.

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